Belladona: o, angustia existencial (una alegoría)
Saturday, May 2, 2009
Desde los balcones de la casona se dejaba ver: aquel laberinto de flores y ramas al que la palabra “jardín” le quedaba corta. A los puñados de narcisos y jacintos y lirios de todos colores los entrelazaban curvados caminos de piedra, tibia bajo el sol, y adonde no habían flores había césped verde y suave como las nubes de algodón. Nudos de árboles abrazaban a los leves soplidos de brisa que pasaban, y frutos y arándanos de todo tipo escondían sus dulces sabores entre la música de las hojas.
En las grises mañanas, bajo un cielo de papel blanco, y también en las tardes pintadas de naranja acuarela, bajaba Antonela a merodear por su jardín. A veces se quedaba hasta que le caía encima la noche, con un violeta gouaché. Se paseaba entre las flores y ramas, con la nariz metida en las orquídeas, con lilas trabadas en el pelo, hablándoles y cantándoles a las azaleas.
“Dichosas flores,” pensaba una de esas tardes Bartolomeu, el señor de la casa, mientras tomaba una taza de té negro desde uno de los balcones, y mirando de reojo a su esposa que se paseaba abajo. “Nada más le falta a esta mujer ponerse a leerles cuentos de cuna a los claveles.”
Bartolomeu pasaba ocupado con las numerosas e indistintas ocupaciones que tiene un hombre de importancia, generalmente optando por dejar a Antonela a seguir sus floreados caprichos. Cada día había flores frescas perfumando cada recobeco de la casa, y tanta era la cantidad de flores y ramas que nunca faltaban éstos en los jardines por más que se propagaran, por manos de Antonela, a todo florero, jarrón y vaso que ella pudiera encontrar en la casa. A veces a Bartolomeu le picaba la nariz de tener tanta fragancia flotando por todos lados, pero era un hombre práctico y de pocas palabras, y no le importaba lo suficiente como para confrontar a su esposa. Simplemente fruncía el ceño y se devolvía a sus muy ocupados asuntos.
A Solipsistic Dream
Wednesday, April 15, 2009
Original en español: Un sueño solipsista
eyes half open;
I see you in the distance.
I come closer slowly;
still distant,
you wave at me with your hand;
still distant,
and I wave back at you at the same time.
you see me in the distance;
your eyes half open.
you come closer slowly,
still distant,
I wave at you with my hand;
still distant,
you wave back at me,
at the same time.
I know it because I see you with my eyes,
and you know it because you see me with yours.
I see you in my mind through my eyes,
which are mine since it’s through them I see.
and you see me in your mind through your eyes,
which are yours since through them you see.
but as we get closer I see that it’s my hand that you wave in the air;
and you realise that the hand with which I wave at you is yours.
and in my mind I see that the eyes with which you see me are my own;
and in your mind you see that the eyes with which I see you are your own.
because I am you,
and you are me;
because you exist in my mind,
or I exist in yours?
Seasonal Haiku No. 2
Wednesday, March 25, 2009
through pilgarlic trees,
sunlight shines —a sweet caress—
bringing sprouts anew.
Chilly Chagrins
Sunday, February 1, 2009
O’ inclement Wind,
you keep huffing on my pate;
ill-mannered cretin!
such Wintery, Woeful Winds;
what a Woeful, Windy Winter!
o Windy, Wintery Woe!
Serviette Memoirs
Sunday, January 11, 2009
Memories remain
jotted down without much care
on dirty napkins
Seasonal Haiku No. 1
Thursday, January 1, 2009
feathery snowflakes
flutter amid the city
a winter murmur
O, lingerer
Monday, December 22, 2008
Just lingering,
stuck in an airport; not much choice…
Just lingering,
and boarding pass a-fingering.
You’ll soon be home, so just rejoice.
And for an instant hear your voice,
just lingering.
Ponderous Heart
Tuesday, December 16, 2008
The last time we talked,
she took a deep breath and said:
“love’s non-existent”